AVALÚOS Y VALUACIONES S.A. DE CV
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Marco Antonio Gómez Rocha
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México es una república democrática, representativa y federal integrada por 32 entidades federativas que ocupa la parte meridional de América del Norte.
La superficie mexicana ocupa una extensión cercana a los 2 millones de km² y 107,1 millones de personas.
El sector inmobiliario mexicano, de manera similar al resto de la economía, enfrenta diversos retos derivados de la coyuntura actual. La desaceleración de EEUU y su traslado al país, el encarecimiento en el precios de las materias primas —que afecta los costos de producción de vivienda y la capacidad de pago de las familias—, y de manera específica la persistencia de sobreoferta habitacional, que presenta cambios significativos con respecto a lo observado en 2007. Para intentar contestar a estos interrogantes y presentar sus perspectivas hemos incorporado en esta edición de Situación Inmobiliaria México un análisis sobre las perspectivas de los costos de edificación, del comportamiento de la sobreoferta desde una perspectiva regional y por segmentos y un artículo detallado sobre la estructura e impactos en el mercado de bursatilizaciones hipotecarias ante la crisis del “subprime” en EEUU.
Cabe reiterar que consideramos que la presente coyuntura es una moderación cíclica y no un frenazo de la actividad inmobiliaria. En particular el sector de vivienda puede crecer este año por encima de la construcción y el promedio de la economía. Además, constantemente aporta señales de consolidación: el cumplimiento de metas de los organismos públicos, un ambicioso programa sexenal y adiciones al marco institucional —como las modificaciones a la ley que rige SHF—, mismas que aportan solidez y capacidad para que el sistema financiero en su conjunto continúe con el flujo de financiamiento.
A pesar de lo problemático de la coyuntura, no olvidamos temas estructurales que enfrenta el sector y que en estos momentos más que en otros cobran relevancia e invitan a seguir modernizando el marco institucional de esta rama de actividad. Como lo hemos comentado en otras ocasiones, es recomendable un replanteamiento del modelo de desarrollo urbano, lo que hemos denominado la “nueva etapa” que facilite una mejor sincronización de la oferta y la demanda de vivienda, esquemas que faciliten la generación de plusvalía, con desarrollos más integrales, con más y mejor calidad de infraestructura hacia el interior de los conjuntos y el exterior, que permitan una mejor interrelación con las necesidades de la población —centros de trabajo, entretenimiento, salud, educación, etc—.
En este contexto, para facilitar la nueva etapa en este número destacamos la importancia de ofrecer mejores “señales” para los agentes del sector. Dentro de estos uno de enorme impacto se refiere a una definición más consistente y de mayor frecuencia del déficit habitacional: confirmamos que existe un déficit remanente más difícil de cubrir, en concentraciones poblacionales más pequeñas, en muchos casos rurales, con fuerte presencia de economía informal y que implica poca experiencia crediticia. Además, aportamos otras aproximaciones al tema que pueden ofrecer una guía interesante de oportunidades de desarrollo de vivienda. De ahí la importancia de la búsqueda de esquemas más efectivos de subsidios para las familias de bajos ingresos. Otro de los temas que revisamos, se refi ere a los costos indirectos —adquisición del suelo, fraccionamiento y urbanización, edificación y titulación de la vivienda—, revisamos su comportamiento a nivel regional y ofrecemos algunos elementos que permiten apuntar hacia los beneficios de un sistema federalista que reduzca estos costos y suavice las restricciones que en algunos casos enfrenta el desarrollo del sector.

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